¡Feliz Navidad y muchas bendiciones para el Año 2014!

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Una visión diferente de la fecha de la Natividad

By Santiago Escuain on Saturday, December 11, 2010 at 4:55pm
Deseo presentar una visión diferente de la cuestión de la fecha de la Natividad de Cristo y de la relación de la fecha tradicional con festividades paganas.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que el calendario agrícola de Israel ordenado por Dios tenía también paralelos en festividades paganas. Esto no significa dependencia ni asociación. Dios creó el ciclo agrícola y dispuso que ilustrase unas maravillosas verdades acerca de Su plan relativo a la obra de Su Hijo y las distintas etapas en la redención y hasta el recogimiento de las Naciones.

Naturalmente que el Señor nos dio sólo una invitación: a recordar Su muerte hasta que Él venga (1 Co 11:23-26). Sin embargo, en cuestiones de interés histórico, que tienen su importancia, no debemos dejarnos guiar por razonamientos fundados en culpabilidad por asociación.

El paganismo, con toda su desviación respecto de la primera revelación dada por Dios, conservaba unos rasgos esenciales, distorsionados, pero que, entre otras cosas mantenían la esperanza de un Libertador que había de venir de la mujer, y otros paralelismos con la Verdad que Dios fue manifestando de manera renovada a través de Abraham, Isaac, Jacob y los profetas de Israel, por cuanto la revelación original había quedado desfigurada. Sin embargo, dentro de la ruina de esta revelación original quedaban rescoldos y retazos que Eusebio reconoció como la preparatio evangelica, y que quedan documentados en las esperanzas y anhelos de tribus paganas desconectadas durante siglos y siglos de la fe revelada, y que en la predicación del evangelio reconocen aquello que responde no sólo a su necesidad, sino a esperanzas transmitidas, distorsionadas pero reconocibles, en el seno de sus tradiciones seculares. Esto está documentado en muchas obras, pero una buena presentación es la obra Eternidad en sus corazones, de Don Richardson, también autor de Hijo de Paz.

De modo que cualquier paralelismo de una fecha de la Natividad con festividades paganas en modo alguno puede descalificar tal fecha como por culpa por asociación. Más bien debe tratarse de una cuestión a debatir en base a sus propios méritos. En relación con esto, querría citar la obra de Alfred Edersheim, un piadoso erudito cristiano procedente del judaísmo en el siglo XIX, y que en uno de los apéndices a su obra La Vida y los Tiempos de Jesús el Mesías expone lo siguiente, dando referencias al cuerpo de su magna obra:

La vida y los tiempos de Jesús el Mesías Alfred Edersheim 1883
Apéndice 7 ACERCA DE LA FECHA DE LA NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR (Libro II. cap. 3. y otros pasajes).

Hay tanto volumen de material generalmente accesible que se ha escrito últimamente sobre esta cuestión, y existe tanto acuerdo sobre la cuestión general, que sólo parece ser precisa una exposición de lo más breve en este lugar, siendo que el espacio que tenemos disponible queda necesariamente reservado a cuestiones que o bien no han sido tratados por escritores anteriores, o que se ha hecho de un modo que hace deseable una nueva investigación.

De entrada, es preciso admitir que es imposible tener una certidumbre absoluta en lo que se refiere a la fecha exacta de la Natividad del Cristo: el año preciso, incluso, y mucho menos el mes y el día. Pero, por lo que se refiere al año, poseemos tales datos que le asignan una probabilidad tal que casi resulta en certidumbre.

1. La fecha primera y más segura es la de la muerte de Herodes el Grande. Nuestro Señor nació antes de la muerte de Herodes, y, como consideramos a partir de la narrativa evangélica, muy poco antes de este suceso. Ahora bien, el año de la muerte de Herodes ha sido determinado con una certidumbre que calificaríamos de absoluta, como poco antes de la Pascua del año 750 A.U.C., lo que se corresponde con alrededor del 12 de abril del año 4 antes de Cristo, según nuestro cómputo común. Más particularmente, poco antes de la muerte de Herodes ocurrió un eclipse lunar (Josefo, Ant. XVII. 6. 4), lo que, según está determinado astronómicamente, tuvo lugar en la noche del 12 al 13 de marzo del año 4 a.C. Así, la muerte de Herodes debe haber tenido lugar entre el 12 de marzo y el 12 de abril, digamos que alrededor de finales de marzo (comp. Ant. XVII. 8. 1). Una vez más, la narrativa evangélica demanda un intervalo de al menos siete u ocho semanas antes de esta fecha para el nacimiento de Cristo (porque tenemos que intercalar la purificación de la Virgen —como mínimo seis semanas después del Nacimiento—, la Visita de los Magos y la matanza de los niños de Belén, y, en todo caso, algunos días más antes de la muerte de Herodes). Así, el nacimiento de Cristo no pudo haber tenido lugar después del comienzo del mes de febrero del año 4 a.C., y muy probablemente tuvo lugar varias semanas antes. Esto nos lleva cerca de la fecha eclesiástica, el 25 de diciembre, en confirmación de lo cual nos remitimos a lo que ya se ha observado en el vol. I, p. 187, véase especialmente nota 3. En todo caso, la objeción tan repetida, pero muy superficial, respecto a la imposibilidad de que los pastores estuviesen velando sus rebaños por la noche en campo abierto en aquella estación, debe ahora descartarse como totalmente insostenible, no sólo por las razones expresadas en el vol. I, p. 187. sino también por esto, que si la cuestión se tiene que decidir sobre la base de una actividad lluviosa, las probabilidades favorecen diciembre en comparación con febrero —más tarde de lo cual es imposible situar el nacimiento de Cristo.

2. Naturalmente, no pueden realizarse inferencias acerca de la aparición de «la estrella» que condujo a los Magos. Que nuestras investigaciones, y sobre qué bases, hayan apuntado a una confirmación de la fecha de la Natividad, como se da más arriba, se ha explicado plenamente en el vol. I, cap. VI … (véase especialmente p. 213).

3. Sobre el censo de Cirenio, véase vol. I, pp. 181, 182.

4. El siguiente dato histórico proporcionado por los Evangelios es el del comienzo del ministerio de San Juan Bautista, que, según San Lucas, tuvo lugar en el año decimoquinto de Tiberio, y cuando Jesús era «como de treinta años» (Lc 3:23). El acuerdo de esto con nuestro cómputo de la fecha de la Natividad se ha expuesto en el vol. I, p. 264.

5. Se llegaría a una conclusión parecida siguiendo la indicación algo vaga y general que se da en Juan 2:20.

6. Finalmente, llegamos al mismo resultado si seguimos la guía históricamente algo imprecisa de la fecha del Nacimiento del Bautista, según se da en esta nota (Lc 1:5) de su anunciación a su padre, que dice que Zacarías oficiaba en el Templo como perteneciente a «la clase de Abías» (véase a este respecto vol. I, p. 135). En Taan. 29 a tenemos la nota, con la que concuerda Josefo (Guerras VI, 4. 1. 5), de que en el tiempo de la destrucción del Templo estaba de guardia «la clase de Jejoiarib», que era la primera de las clases sacerdotales. Esto sucedió el 9 a 10 de Ab del año 823 A.U.C., o 5 de agosto del año 70 de nuestra era. Si los cálculos son correctos (de lo cual, sin embargo, no podemos sentirnos plenamente seguros), entonces computando «las clases» de sacerdotes atrás en el tiempo nos llevaría a que la clase de Abías, en el año 748 A.U.C. (el año anterior al nacimiento de Cristo) hubiera estado de guardia desde el 2 al 9 de octubre. Esto también situaría el nacimiento de Cristo a finales de diciembre del siguiente año (749), si se toma la expresión «al sexto mes» en Lucas 1:26, 36 en el sentido del mes presente (del mes 5 al 6, cp. Lc 1:24). Pero insistimos en que no puede ponerse una total confianza en tales cálculos, al menos por lo que se refiere al mes y al día. (Comp. aquí de forma general Wieseler, Synopse, y su Beiträge.)

Traducción: Santiago Escuain.

Las referencias a páginas se refieren a la obra original en inglés. Los lectores de habla hispana pueden consultar la obra en su traducción al castellano, La vida y los tiempos de Jesús el Mesías, editorial CLIE, donde encontrarán las referencias de páginas, etc., a la obra en castellano.

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3 thoughts on “¡Feliz Navidad y muchas bendiciones para el Año 2014!

  1. Debo reconocer la demostración sobre el nacimiento de Jesús, en mi caso, a creado un interés inusitado, por ello, doy las gracias a logos 77. Felicidades en la Natividad con Jesús sin excepción.

  2. COMENTARIO CENSURADO POR LOGOS77

    Bueno, los “datos” que das pueden ser discutidos, pero ese no es el punto.

    “De modo que cualquier paralelismo de una fecha de la Natividad con festividades paganas en modo alguno puede descalificar tal fecha como por culpa por asociación. Más bien debe tratarse de una cuestión a debatir en base a sus propios méritos. “.

    Claro que no, si alguien lo hace es para devolverte tus insultos hacia los que celebramos fiestas paganas y que tú siempre demonizas.
    Es para mostrarte lo errada que estás.

    Así que te deseo que disfrutes de estas fiestas paganas y dejes a los demás disfrutar las suyas sin los insultos que siempre dedicas a todo aquel que no piensa como tú.

    Aprende a no insultar si no quieres ser insultada. Aprende a respetar si quieres ser respetada.

    Así pues, FELIZ SATURNALIA (o solsticio de invierno, lo que prefieras).

  3. COMENTARIO CENSURADO POR LOGOS77

    En +00002013-12-25T07:59:59+00:0031000000bWed, 25 Dec 2013 07:59:59 +0000UTC 23, 2008 a las 11:59 am12 Alfonso dijo:

    Tu comentario está pendiente de moderación.

    Como siempre: pajas mentales a tutiplén con tal de hacer coincidir lo que haga falta. El cristianismo ha fagotizado todo lo que le ha convenido con tal de someter otras expresiones culturales a los intereses de sus representantes, eso está históricamente comprobado. Querer dar originalidad a su argumentario, retorciendo las ideas que haga falta de poco le sirve a una mente objetiva y sin prejuicios. Pero ese no es vuestro caso, vuestras tragaderas no tienen límites.

    Por cierto, cada vez estoy más convencido de que este Daniel es un cachondo mental que te baila el agua todo lo que quiere. Aunque eso es fácil, Logos, tienes un ego que no puedes con él y te corres de gusto cada vez que te lo rascan (el ego, no confundamos).

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